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E.T.A. Hoffmann. Sobre la música.


"La música empieza donde se acaba el lenguaje."


E.T.A. Hoffmann.
Fue un escritorjuristadibujante y caricaturistapintorcantante (tenor) y compositor musical alemán, que participó activamente en el movimiento romántico de la literatura alemana. Siendo E. T. A. Hoffmann un magnífico músico, admirado por Beethoven y otros, sus creaciones literarias inspiraron muchas piezas musicales. Algunas de las más famosas son, indudablemente, los cuentos fantásticos en los que Jacques Offenbach basó su ópera Los cuentos de Hoffmann (1880), donde coloca a E.T.A. Hoffmann como el protagonista de las historias: „Der Sandmann“ («El hombre de arena»), «La noche de San Silvestre» (o de año viejo), «El puchero de oro», «Kleinzach» y «El violín de Cremona». Léo Delibes, el célebre compositor francés, también utilizó «El hombre de arena» para su ballet Copelia (1870).
Su personaje del kapellmeister Johannes Kreisler también inspiró la obra para piano Kreisleriana del compositor alemán Robert Schumann.Richard Wagner usó un tratamiento de E. T. A. Hoffmann en Los maestros cantores de Núremberg. Vincenzo Bellini usó «El dux y la dogaresa» para la ópera Marino Faliero, Gaetano Donizetti toma muchos rasgos de «Signore Formica» para su ópera bufa Don Pasquale, etc. Así mismo, E.T.A. Hoffmann se inspiró en la ópera Don Giovanni de su admirado Mozart para su complejo relato Don Juan. E. T. A. Hoffmann, siempre artista completísimo, imprime un horror deliciosamente elegante en obras magistrales como El magnetizador, El mayorazgo, Vampirismo, Los autómatas y otros. Muchas de sus novelas cortas más famosas fueron reunidas en sus Piezas fantásticas (2 volúmenes, 1814–1815), que también contienen una colección de crítica musical y sus propias ilustraciones. Una de sus obras considerada cumbre es la estupenda novela Los elixires del diablo (1816), famosa por el uso del doppelgänger, es decir, un doble fantasmal y está clasificada como una de las grandes glorias del romanticismo alemán y la literatura universal. E. T. A. Hoffmann además de notable literato fue dramaturgo y compositor de música religiosa y música incidental para obras de teatro, sinfonías y ballets. Fruto de tal actividad es la propia ópera Ondina (Undine), de 1816, con un libreto basado en un cuento que Friedrich de la Motte Fouqué había escrito en 1811, en pleno auge de las narraciones fantásticas o cuentos de hadas (no debemos olvidar que las colecciones de los hermanos Grimm aparecieron entre 1812 y 1815). En el libreto de Undine realidad y fantasía se fusionan, se interrelacionan, al menos; concretamente narra la venganza de los «seres sin alma» (o sea, el mundo fantasmal), que se cierne sobre los «seres con alma» (es decir, el mundo real), al haberse opuesto los segundos al deseo de Ondina, hija de las aguas, de ser aceptada por los hombres y de acceder en última instancia al amor humano. Tras esta bella poesía, debemos centrar nuestra atención en el trasfondo temático, por su poder simbólico y evocador así como por su preferencia hacia unos temas que serán germen de la ópera romántica alemana y más concretamente de la de Richard Wagner. Por eso es fundamental conocer la obra tanto literaria como teatral de E. T. A. Hoffmann, en cuanto supone un antecedente inmediato de la obra operística posterior.