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#imágenesarquetípicas | Tortuga.

La tortuga como imagen arquetípica opera como un vínculo entre la eternidad y la efimeridad, la protección y la vulnerabilidad, la sabiduría y la fertilidad.


La imagen arquetípica de la tortuga se revela como un símbolo profundamente arraigado en la psique colectiva, que trasciende las barreras culturales y temporales. Presente en una multiplicidad de tradiciones mitológicas y cosmovisiones, la tortuga emerge como un ícono que encapsula diversas estratos de significado. El galápago, que ha persistido a lo largo de incontables milenios con su figura arcaica, encarna la esencia de la antigüedad y la continuidad. Su caparazón, con su intrincada topografía, se erige como un símbolo de solidez y protección, emulando la relación telúrica que conecta la sabiduría y la estabilidad cósmica.

Este emblema, inmerso en el terreno mitológico, evoca también una interconexión entre el mundo celestial y terrenal. Las leyendas y los mitos a menudo asocian a la tortuga con la totalidad del cosmos, susurran sobre su intervención en los ritmos subyacentes de la creación y sugieren que su influencia abarca desde la bóveda celeste hasta la morada subterránea. En este marco interpretativo, la tortuga deviene en una representación del equilibrio entre los dominios material y espiritual, sugiriendo una trascendencia que trasciende los límites convencionales.

La iconografía de la tortuga no se restringe a una sola perspectiva. La interpretación se bifurca, evocando tanto una resonancia meditativa como un matiz más siniestro. Desde una óptica introspectiva, la tortuga encapsula estados de meditación y retraimiento, donde la libido interior se aparta del mundo para nutrir la esfera interna. No obstante, este símbolo también presenta una faceta más oscura y sombría, personificando el caparazón insondable de la naturaleza que, en épocas de adversidad, parece confinar la vida, el crecimiento y la creatividad en las sombras de la incertidumbre.

Las tortugas marinas, con su arraigo en los abismos oceánicos, incitan a una ambivalencia de significado. Encarnan tanto la dependencia de este espíritu marino en el descenso a las profundidades misteriosas y regenerativas, como el aterrador precipicio hacia la aniquilación. A pesar de esta dualidad, el caparazón de la tortuga marina adquiere un rol simbólico, albergando a los espíritus creativos que guían a los viajeros por los abismos del océano, insinuando la protección en la inmensidad inexplorada.

En esencia, la tortuga como imagen arquetípica opera como un vínculo entre la eternidad y la efimeridad, la protección y la vulnerabilidad, la sabiduría y la fertilidad. Su omnipresencia en mitos y leyendas, respaldada por su realidad biológica de longevidad y resistencia, solidifica su estatus como un símbolo de profundo significado, encarnando tanto las raíces primordiales de la tierra como las aspiraciones elevadas del espíritu humano.


"La tortuga puede hablar más del camino que la liebre." Yibrán Jalil Yibrán


Alphonse de Lamartine. Sobre los amores que nos acompañan en la eternidad.


"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd."


Alphonse de Lamartine.
Fue un escritor, poeta y político francés del período romántico.
Nacido en el seno de una familia militar (su padre era oficial del ejército) perteneciente a la pequeña nobleza provinciana francesa, viajó durante su juventud, y en 1820 contrajo matrimonio con la inglesa Mary Ann Elisa Birch. Su defensa de la restauración borbónica en 1814 le valió entrar en la carrera diplomática. Ocupó su primer puesto oficial bajo el gobierno de Luis XVIII, en la secretaria de la embajada francesa de Nápoles desde 1825 hasta 1828. En 1829 fue elegido miembro de la Academia francesa. Fue electo diputado en 1833 y 1839, y ocupó brevemente el cargo de gobernador durante la revolución de 1848 en Francia. Tras la caída de Luis Felipe de Orleans, fue Ministro de Asuntos Exteriores desde el 24 de febrero de 1848 hasta el 11 de mayo del mismo año. Durante su período como político en la Segunda República Francesa, realizó esfuerzos que finalmente condujeron a la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte, así como también fomentó el derecho al trabajo y los programas cortos de capacitación laboral. Era un idealista político que apoyó la democracia y el pacifismo, y su postura moderada sobre la mayor parte de cuestiones hizo que sus seguidores lo abandonaran. Tras fracasar en la elección presidencial del 10 de diciembre de 1848 se retiró de la política y se dedicó a la literatura. Al margen de sus dotes administrativas, Lamartine sobresalió en el panorama literario por la delicadeza de sus versos y sus excepcionales representaciones de la naturaleza. De su producción poética cabe mencionar Meditaciones poéticas (1820);Nuevas meditaciones poéticas (1823), Armonías poéticas y religiosas (1830), Jocelyn (1836), La caída de un ángel (1838) yLos recogimientos (1839). Como historiador escribió Historia de los Girondinos y como narrador Raphaël (1848) y Graziella(1852), que recogen sus vivencias personales. Su obra tuvo especial influencia entre los integrantes del Salón Literario de 1837. En torno a él se formó un grupo de escritores vinculados al romanticicismo, entre los cuales y principalmente se hallaba Esteban Echeverría. Es famoso por su poema parcialmente autobiográfico Le Lac (El Lago), que describe en retrospectiva el ferviente amor compartido por una pareja desde el punto de vista del hombre desconsolado. Lamartine fue un maestro en el uso de las formas poéticas del francés. Fue uno de los muy pocos literatos franceses en combinar su escritura con su carrera política. Terminó su vida en la pobreza, como tantos otros literatos, el 28 de febrero de 1869, en París. Es considerado como el primer romántico francés, y es reconocido por Verlaine y los simbolistas como una importante influencia.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Alphonse_de_Lamartine