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The times they are a changing'

Por Héctor Makishi Matsuda.
Bob Dylan y su controvertido Nobel.”


            Recuerdo haber escuchado a Bob Dylan, de adolescente y lo primero que pensé, fue en una canción de misa, “Saber que vendrás”. Su voz entre gangosa y nasal me hacía pensar que este tipo debe decir cosas interesantes porque como cantante no es algo que llame la atención, sinceramente. Así fue que me inicié una aventura corta, por cierto, de buscar sus letras (en tiempos pre-internet) e intentar traducirlas al castellano (con diccionario físico).
            Mi entusiasmo fue absorbido por otras cuestiones urgentes de la época pero dejó en mí, una certeza que ya los Beatles me lo habían confirmado: hay poesía más allá de las canciones. Eran mis tiempos de lectura de poesía norteamericana: Pound, Williams, Beat Generation, Cummings, Elliot, entre otros.
            Pero definitivamente, si había claridad en mis researchs, era que Bob Dylan tenía un lenguaje poético de buena cepa y que sólo el tiempo supo macerar su buen arte.
            Su homenaje a Dylan Thomas no es un dato menor. Muy identificado por lo vertiginoso de la vida del poeta británico, a Bob le cautiva el lirismo capaz de expresar el caos en la belleza. Como diría Rodríguez Gaona: “Pasada la tormenta, / el paisaje / no tiene esa belleza / de cuando las cosas giraban /sin rumbo por el aire.” Por eso, Bob Dylan (ya no Dylan Thomas) querrá registrar ese presente caótico de su generación con esa esperanza mesiánica puesta en el arte.
            Pero quien tuvo más ascendencia en su arte es la Beat Generation[1], ese grupo de escritores, profetas seculares, místicos iluminados carnales que transformaron EE.UU. en la década de 1950. Según Allen Ginsberg, el disco “Bringing it all back home” (1965) es un disco que le debe mucho a Mexico City Blues de Jack Kerouac.[2] Es decir, la familiaridad y cercanía que Bob Dylan ha tenido con la Beat Generation ha sido decisiva para moldear y madurar su lírica. Una lírica que desde los años 1970, es objeto de estudio en muchas universidades del mundo. Por eso, su vínculo con la literatura no es sorpresivo ni improvisado.
            Ahora bien, si tendríamos que hacer una ruta de su poética, podríamos afirmar que una primera parada está en la música folk de su país, especialmente Woody Guthrie, Robert Johnson y Hank Williams. Esa opción por el folk y no por el rock (porque «eran frases pegadizas y un ritmo contagioso, pero (…) no eran serias ni reflejaban la vida de un modo realista»[3]) hizo que su lírica sea más profunda y exploradora de sentimientos. La segunda parada de esta ruta es la lectura de Dylan Thomas donde entendió que no todo tiene que ser escrito en la quietud bucólica del vaquero solitario, sino que en el caos y en el vértigo hay belleza. Esta revelación lo encaminará al rock que con mucho talento y gracia, trascenderá las «frases pegadizas y el ritmo contagioso» y lo convertirá en un género musical, serio. Una forma de paroxismo vital, de ebullición, a punto de explotar. Tercera parada, la explosión con la Beat Generation. Ahí, Dylan encuentra el sentimiento profundo del folk, la «honestidad brutal» como remedio para una sociedad puritana e hipócrita y la libertad de estar en cualquier parte sin etiquetas reduccionistas como «rockero», «cantante de folk o de protesta». Su experiencia con los Beat, le abrió la mente, para siempre y selló con fuego su originalidad para crear.
            En toda esta ruta está «esa nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción» que valora el Comité Evaluador del Premio Nobel. ¿Si lo merecía o no? Probablemente, Jeremías Gamboa tenga razón: «él está por encima de cualquier premio.» No necesitaba ese reconocimiento para que el mundo sepa que es un gran artista. Quizás, Philip Roth, sí, y nos apena porque un espaldarazo de esa magnitud, le hubiera dado mejores condiciones para crear, pero no necesariamente. Hoy todos comentan de él y le sirve de prensa.
            Pero el lado optimista, es que con este premio a Bob Dylan, se está certificando que hay literatura y arte en el rock. No es «la frivolización de la cultura» ni debemos estar preocupados que el próximo año, le den el  «premio a un futbolista». Esos comentarios son justamente frívolos, faranduleros y tontos. Yo tengo mis preferencias, pero no puedo dejar de reconocer su calidad artística. Hubiera preferido a Leonard Cohen antes que Dylan, seguramente, pero que es un gran artista, de eso no se discute.

[1] Mal llamados también Beatniks, fue movimiento literario antimaterialista, contracultural, anticapitalista y antiautoritaria, que «remarcaba la importancia de mejorar la interioridad de cada uno más allá de las posesiones materiales y de las reglas impuestas por el sistema». Muy marcado por el uso de drogas, el sexo libre y acercamientos a las religiones orientales, the Beat Generation inauguró un camino que luego seguirían otros movimientos como el hippie, la liberación femenina, la igualdad étnica, etc. La novela On the road de Jack Keroauc es la Novela Manfiesto del movimiento. Otros autores vinculados son Gregory Corso, Allen Ginsberg, William Burroughs, Timothy Leary, John Clellon Holmes y Neal Cassady.
[2] Recomiendo mucho la entrevista que Peter Barry Chowka le hace a Allen Ginsberg. Gran parte de la entrevista comenta su relación con Bob Dylan y en varios puntos analiza su obra desde su contacto con la Beat Generation. Allí dice: «[Dylan] Él  me sacó Mexico City Blues de mi mano, comenzó a leerlo y le dije: "¿Qué sabes sobre eso?" Él dijo: "Alguien me lo dio en 1959 en Saint Paul y me voló la cabeza". De modo que dije: "¿Por qué?" Él dijo: "Fue la primera poesía que me habló en mi propio idioma". De modo que esa cadena de imágenes intermitentes que ves en Dylan, como "La Madonna negra de la motocicleta, la reina gitana sobre dos ruedas y su fantasma tachonado en plata", están influidas por las cadenas de imágenes intermitentes de Kerouac y su escritura espontánea»
Cfr. http://www.english.illinois.edu/maps/poets/g_l/ginsberg/interviews.htm
[3] Cfr. Notas de Cameron Crowe en el álbum “Biograph” (1985) de Bob Dylan.