Lo Último

La noche de los muertos vivientes.

Por Lorena Mangieri.
"Cambió la forma de ver el terror."
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La primera vez que sentí miedo fue cuando accidentalmente vi una película de zombies. Yo, que creía que tenía una alta tolerancia al espanto ya que ni Drácula ni Freddy Krueger ni Jason me paralizaban, no pude dormir por meses.
La película era de George Romero, director de varios films de terror.
“La noche de los muertos vivientes”, su obra maestra y ya un clásico del cine, definió el género de cine que conocemos como “cine gore”.
Antes del estreno, había dando vueltas varias películas de zombies, provenientes en su mayoría de directores italianos, pero en un estado de indefinición de género.
Romero, inspirado en la novela “Soy leyenda”[i], de Richard Matheson, tomó ciertos elementos de aquellas cintas para crear esta joya del cine de terror.
Su proyecto vio la luz el 1 de octubre de 1968: la cinta se proyectó en blanco y negro (de esta manera, sostienen los cinéfilos, el terror era más intenso), el presupuesto fue muy bajo (en ocasiones, los mismos maquilladores hacían de zombies y los actores eran amigos de los productores) y nadie esperaba algo así. Fue un éxito.

El argumento se centra en la acción de unos pocos personajes que no se conocen entre sí, pero que se refugian en una granja luego de que los muertos empezaran a levantarse de las tumbas para alimentarse de los vivos.
A través de una radio y de una televisión se enteran de que alrededor del mundo está sucediendo lo mismo. La desesperación empieza a invadirlos. Atraídos por el olor de los vivos, los muertos no paran de llegar.
El grupo de sobrevivientes no sabe qué hacer: si esperar por la ayuda que quizás nunca llegue, o si tratar de huir, porque el lugar no resistirá mucho más ante la horda de cadáveres. La información resulta confusa y contradictoria. Las situaciones se ponen tensas entre ellos. Luego de discusiones violentas y de mala suerte en los intentos de fuga, el refugio cae. El conflicto entre los humanos termina por arruinar la situación. Sólo uno de los personajes logra sobrevivir aquella terrible noche. Pero cuando sale a la mañana siguiente, se encuentra con algo aún más desolador…

Romero cambió la forma de ver el terror: después de algo así, ya no era muy posible impresionarnos ante las manifestaciones góticas del miedo. 
Se cuenta que cuando se estrenó la película, aún no existía la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos, y por lo tanto la cinta no fue clasificada por edades: varios jóvenes asistieron al estreno. Su reacción fue la misma que había tenido yo de chica: se quedaron paralizados ante algo tan horroroso e incluso se fueron del cine sobresaltados.
La sensación de la crítica fue la de haber visto algo nuevo, algo que nunca se había mostrado antes.
¿Qué era lo que provocaba esa sensación?

Caos.
Para no andar con vueltas, un ser muerto, inanimado, con una existencia sujeta a la descomposición constante, y que encima nos persigue para comernos, es impresionante.
Más allá de las características físicas de tan grotesco personaje, sus características psicológicas son aberrantes para nuestra sociedad: el zombie no negocia, no tiene reglas ni límites; no engaña, no se esconde, no siente dolor, no tiene ningún interés ni respeto social. Sólo responde ante el apetito básico de la alimentación. Es lo primordial de la naturaleza revelándose ante la complejidad del ser humano.
Es casi imposible digerir algo así: hasta entonces, todo ser del mundo del terror tenía motivaciones con las cuales era posible negociar.
Atrás de la sangre y de la deformidad en la cara del zombie, hay algo que genera más horror a la sociedad: la idea de caos y desorden.
Romero no hizo otra cosa más que ponerle una cara al apocalipsis.
Por otro lado, si ven cualquier película de zombies, podrán ver que esta destrucción del mundo que conocemos también da por resultado que  los seres humanos que sobreviven no puedan ocultar quiénes son realmente. El dinamismo del terror hasta ese momento era el del ser humano enfrentándose a algo “diabólico”, pero en este caso, el hombre se enfrenta a sí mismo… Creo que este elemento del mundo zombie es el que más nos asusta y más llama nuestra atención, sumado a la crítica de la sociedad que descansa tras las historias.

Denuncia sobre aspectos de la sociedad.
Ninguna película de Romero –e incluso, se podría afirmar que casi ninguna película de zombies- carece de contenido. Al contrario, en las películas del director, encontramos varias denuncias desparramadas. Críticas al consumismo, al manejo de la información por parte de los medios, al racismo, a la violencia no asumida de la especie; de una forma u otra se traduce la desilusión ante el orden establecido, ante el gobierno. Calculo que es posible que diferentes miradas encuentren distintas reflexiones en las mismas escenas.
Si bien los sobrevivientes representan al común de la humanidad, muchas veces es la figura del zombie la que toma ese papel. En una de la escenas finales de “El amanecer de los muertos” (segunda película del director), los zombies logran entrar al Shopping –en donde se escondían los sobrevivientes- no sólo atraídos por el instinto de alimentación, sino, como la repetición automática de una conducta sin sentido que los atraía a ese lugar…
En “La noche de los muertos vivientes”, Romero retoma un tema que uno creería ya superado, el racismo.
El personaje central es Ben y es representado por un actor afroamericano, detalle que habría sido accidental (según el director, Duane Jones era, entre sus amigos, el mejor actor). Dentro del estilo de Romero, es difícil de creer que se tratara de una casualidad.
Esta figura genera tensión en aquel grupo debido a su personalidad de liderazgo, y hasta tiene duros enfrentamientos con el “padre de familia”, clásico exponente del americano promedio de aquel entonces.
Ben se convierte en el único sobreviviente de la granja; logra esconderse hasta el amanecer, momento en el que aparece una patrulla de cazadores de muertos. Cuando parece que hay esperanza y respiro, uno de los cazadores le da un tiro en la cabeza, “confundiéndolo” con un zombie.
¿Había sido un error o sabía aquel hombre que Ben no era un zombie, pero aprovechó esa oportunidad para hacer lo que siempre había querido hacer? La pregunta queda abierta. Y la ironía del cuerpo de Ben quemándose con los cuerpos de los zombies durante los créditos da qué pensar.
Es chocante ver la violencia en la cara de aquellos hombres que, bajo la bandera de regresar las cosas a la normalidad, parecieran disfrutar de esa cacería, como si el ser humano guardara esa violencia, como si no fuera muy diferente al zombie, e incluso, como si fuera peor que él.
El final demuestra que las cosas no siempre terminan bien.

El bien no siempre gana.
La película tiene también el mérito de haber sido la primera película de terror que no ofrecía ningún panorama alentador. Al contrario, termina mal. Incluso se sabe por la continuidad de la saga que el mundo ha caído, el apocalipsis ha llegado y, si bien hay consuelos momentáneos, las cosas empeoran.
El impacto del final queda en la historia como uno de esos grandes momentos del cine, en el que el espectador queda consternado.
Otra cosa difícil de aceptar como espectador es que, dentro de este universo construido por el director, no hay ninguna explicación oficial sobre el porqué se levantan los muertos, pese a que juega con una hipótesis de la que hablan en aquella vieja televisión que encuentran los refugiados de la granja. A Romero nunca le importó explicarlo… Sin embargo, hay versiones que sostienen que habrá una gran película final, o que se filmará una precuela de esta película –a cargo del hijo de Romero- que explicará todo, o que hay extras en el dvd que cuentan qué sucedió.
Yo no los encontré. Y miré todas las películas y series de zombies. Y hoy, con más de treinta años, me sigo asustando.
 Toda la “mitología” zombie descansa y cobra cada vez más fuerza en los golpes que recibimos como espectadores. Se convirtió en un vehículo de denuncia o, mejor aún, de reflexión
No pude evitar reírme con ironía cuando uno de los personajes de “La noche de los muertos vivientes” le dice a otro: “Ya escuchaste lo que dicen en televisión… Debemos hacerles caso”.
Ni sentir bronca cuando las peleas entre humanos terminan por arruinar el día, hasta el punto en que una de las principales series de zombies –“The walking dead”- ha logrado que uno sienta más temor cuando aparece otro grupo de sobrevivientes que cuando aparece una horda de zombies, porque todos los que ya han logrado sobrevivir, algo malo han hecho.
¿Qué hemos hecho nosotros que llegamos a este punto?



[i] - “Soy leyenda” tiene tres versiones cinematográficas: “Last man on earth” (1964), “The Omega Man” (1971) y “Soy Leyenda” (2007).

Lorena Mangieri.
Es poeta y escritora. Varios de sus textos y pensamientos están volcados en su blog Juntando Hormigas. Participa activamente en cursos de escritura creativa y talleres de lectura. Ha participado con sus textos en varios eventos artísticos en la Ciudad de Buenos Aires. En el año 2004 se licenció en Filosofía. Es correctora internacional de textos en Lengua Española y en la actualidad trabaja en varios proyectos editoriales.

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