Lo Último

"¡Así no lo lograrás nunca!" señaló la rosa.

Por Laura Vaccarezza.
"La clave es abordar las circunstancias a través del ingenio."
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En el libro llamado Alicia a través del espejo, la protagonista sufre una terrible desilusión. Casi al comienzo de la historia, ella se encuentra en el jardín de la casa del espejo y quiere llegar a una colina cercana. Descubre que hay varios caminos que conducen a ella; algunos muy intrincados. La dificultad empieza cuando descubre que, sea cual fuere la vía que tome, parece avanzar al principio, pero luego inexplicablemente vuelve, una y otra vez, al punto de partida.
¿No sintieron muchas veces esa espantosa sensación? Suele suceder con algún que otro problema que aparece particularmente espeso y complicado. Tomamos varias medidas, algunas más simples, otras más profundas o complejas, y el enredo sigue ahí, sin resolverse en absoluto y ya ni sabemos cómo continuar. Resultan familiares frases como: "¡Lo he intentado todo!" o "¿Qué más puedo hacer?" y una horrible sensación de frustración y desaliento.
Hay un principio que atribuyen a Einstein que dice: si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.
Edward de Bono, en el año 1967, le puso nombre a un nuevo estilo de razonamiento. Este se caracteriza porque no usa la lógica —que es el modo tradicional de encontrar soluciones—, sino que está basado en una nueva herramienta: la creatividad; el llamado pensamiento lateral.
La clave es abordar las circunstancias a través del ingenio. No les comento nada nuevo. Más de uno se habrá cruzado, a modo de juego, con acertijos como este:
Entras a una habitación donde hay dos cadáveres. Cerca de ellos hay agua con cristales rotos. No hay ninguna marca en el cuerpo ni fueron envenenados. ¿Cómo murieron?
Puede parecer complicado al principio porque damos por supuestas cosas que no están dichas. Usando la lógica, no hay justificación posible. Pueden fallecer dos personas por un ataque cardíaco o de muerte natural, pero eso no descifra la razón de los cristales rotos. Podemos involucrarlos en la causa de su muerte, pero el problema es cómo llegaron hasta ahí.
Entonces entra a jugar el ingenio y es necesario imaginar otras posibilidades. ¿Dice el texto que eran seres humanos? ¿Existe algún ser viviente relacionado a agua y a cristales? A lo mejor… una pecera con agua que estalló. ¡Eureka!
De todas formas, este ejemplo es muy simple, porque no hay soluciones únicas cuando entra a trabajar la creatividad. Como referencia, lo vemos reflejado en el cuento de Gilbert K. Chesterton La honradez de Israel Gow. En él, los personajes se enfrentan a cosas completamente inconexas y el protagonista, el Padre Brown, elabora varias tesis que esclarecerían a esa misma realidad.
Ahora bien ¿y si aplicáramos este estilo a los problemas de la vida diaria? Se me ocurre un ejercicio. Tomemos algún problema propio, cualquiera que nos esté atormentando en este momento, o alguno del pasado que haya quedado sin resolver.
Como un primer paso, lo formulamos de nuevo, pero desde otro ángulo; redactándolo en tercera persona. Pensemos en alguien –con nuestro propio nombre o uno diferente, en femenino o masculino– que  ha estado sufriendo esa situación en una ciudad vecina. Tomen nota importante de relatarlo en tiempo pasado porque ya se remedió. Tenemos que pensar con optimismo y nos convenceremos de que la solución existe.
Es necesario ser específico y puntual. No agregar detalles, sino definir dónde reside lo que me molesta y limitarme a eso.
Por ejemplo: "Yo en mi trabajo experimento una horrible opresión de parte de un compañero que me complica las cosas, me frustra y no me deja avanzar en lo propio". Entonces:
Sofía iba a trabajar todos los días soportando las trabas de uno de sus compañeros que le amargaban el día laboral.
Bien. Ahora, en un segundo paso, imaginemos que el problema ya pasó. Ya lo superamos y estamos libres de esa carga. ¿Cómo estamos? O, más importante aún, ¿cómo nos sentimos?
Porque existe otra dificultad. A veces planteamos una solución directa: Sofía cambió de trabajo, el compañero de Sofía fue removido a otra área, etc. etc. etc. Es lo primero que viene a la mente y, lamentablemente, la mayoría de las veces estas medidas superan nuestras capacidades. Tal vez "Sofía" ya tanteó cambiar de trabajo, también habló de ello con sus superiores e, incluso, se dispuso a una terapia para curar el estrés laboral.
Pero pensemos más profundamente ¿cuál es el verdadero fin que se persigue? ¿Cuál es la "colina" que queremos alcanzar, como la que se ve desde la casa del espejo?
No es eliminar al otro –o a uno mismo–. Una vez resuelto, yo trabajaría más feliz, con más fluidez. La jornada laboral no significaría una carga sino una oportunidad de autorrealización. Iría con más entusiasmo y serenidad. Ese sería el punto de llegada y debemos comentarlo seguidamente al planteo.
Un buen día Sofía fue al trabajo contenta y feliz. ¿Qué fue lo que pasó?
Nota: no cambió de trabajo ella ni su compañero.
¿No se ve diferente ahora?
Veamos qué hizo Alicia cuando se frustró después de tantas tentativas. Porque si hay algo que Lewis Carroll no deja lugar a dudas es que nuestra amiga es muy paciente y tenaz. Ella mantiene un diálogo con las flores y la rosa, quien no puede caminar sino sólo observar, le comenta: "Te aconsejaría que intentases andar en dirección contraria".
Es algo que suena ridículo y desalentador, porque parece una ingenuidad y no brinda tampoco una solución precisa. Así podemos sentirnos, como Alicia, al aplicar este original método. Parecería que no tiene sentido deshacer lo ya elaborado y dejar de lado la comodidad de la costumbre. Pero nuestra amiga llega al destino escuchando a la que sabe.
Démosle una oportunidad. Despleguemos esa creatividad que todos llevamos dentro, cada cual a su medida; confiemos en el poder de nuestros recursos; ejercitémonos con, al menos, tres acertijos de este estilo –que podemos encontrar en internet o en algunos libros–.
Viendo nuestro propio problema con nuevos ojos eliminemos los límites imaginarios, las barreras que nosotros marcamos y en realidad no existen y, al igual que la rosa, vislumbremos el meollo del asunto.
Quién dice, tal vez, esto indique un nuevo comienzo.