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¿Por qué queremos ir a Marte?

Por Lorena Mangieri.
"La colonización de Marte tiene que ver con nuestro deseo de sobrevivir."
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Hace algún tiempo leí una nota que aseguraba que la Filosofía seguía teniendo importancia. Si bien la ciencia en todo su desarrollo llegó a acaparar casi todas las explicaciones sobre el origen del universo y de la vida, la nota aseguraba que aún quedaba espacio para la Filosofía.
No estoy del todo de acuerdo, porque la sensación que me dejó consistía en que quedaba un pequeño lugar para esta ciencia, uno reducido a cuestiones y discusiones morales; y yo creo que el avance de la Física, en especial de la Astronomía, es capaz de volver a ponerla en el lugar privilegiado que tuvo en la Antigüedad.
Entre las series futuristas que andan dando vueltas, series que ya no suenan increíbles porque las cosas que plantean parecen cada vez más posibles y menos lejanas, “Mars”, de Nat Geo, me despertó un gran  interés.
Esta producción, que por ahora tiene una sola temporada de seis capítulos, oscila entre la ficción, lo documentado y los “documentales apócrifos”.
¿Qué significa el llamativo concepto de “documental apócrifo”? Se refiere a aquella pieza audiovisual que construye una ficción imitando los códigos y convenciones del género documental. El resultado es interesante ya desde la perspectiva narrativa, porque el uso de recursos lo hace disfrutable y -¿por qué no?- alimenta estas teorías que aún no son más que eso.
Argumento
En un futuro no muy lejano (2033), un grupo de astronautas y científicos de diferentes países y disciplinas, en el que lamentablemente no hay ningún filósofo, pero sí un psicólogo, viajan a Marte. A modo de documental apócrifo, se muestran las entrevistas que les son hechas a los astronautas, incluso aquella entrevista que los convirtió en los candidatos ideales.
Los protagonistas logran aterrizar en la superficie (no sin sufrir complicaciones) y, con el tiempo, establecer una especie de colonia. Por supuesto no van a faltar los conflictos de todo tipo, por lo que se pondrá en juego la continuidad de la misión. La decisión sobre esto viene en el último capítulo… pero no voy a contar cómo termina.
La serie se mueve entre los años 2033, año en el que transcurre la ficción, y 2016, año en la que fue realizada y en el que se aclaran puntos científicos al respecto, de la mano de las principales mentes de la Astronomía, como Neil deGrasse Tyson.
“¿Hay algo más importante en este planeta para ti que llegar a Marte? Porque si lo hay, no eres el indicado para esta misión”, dice Ben Sawyer, el Comandante de la misión.
Claro, viajar a Marte no se parece a nada que hayamos conocido, ni siquiera a 48 horas en un avión. Nos llevaría algo así como 240 días, si es que partimos cuando nuestro planeta y el planeta rojo se encuentran en un punto  cercano debido al movimiento de ambos alrededor del sol. O sea, estos astronautas pasarán encerrados ocho meses, no verán nada más que el espacio y, si alguno se siente enojado o deprimido, no podrá salir a pasear.
Físicamente, aún no están resueltas las condiciones que harían posible que un ser humano se traslade durante ese tiempo en el espacio: la falta de gravedad debilita los músculos, porque el cuerpo tiende a eliminar lo que no necesita (aquellos que han pasado aproximadamente dos meses en el espacio presentaron un gran porcentaje de decrecimiento de masa muscular y debieron ser alzados al llegar a la Tierra porque no podían caminar). Por otro lado, los rayos ultravioletas provenientes del sol y de los rayos cósmicos (partículas que han quedado de las explosiones de estrellas, algo que por cierto se produce todo el tiempo en el universo) tienen una alta radiación que aún no ha logrado ser aislada un cien por ciento con ningún material. La exposición prolongada a estos rayos provoca cáncer (nuestra madre Tierra, con su atmósfera, nos protege de esta radiación). Sacar del planeta un cohete con las toneladas que implicaría la carga de provisiones para cubrir las necesidades básicas de agua, oxígeno y comida durante el viaje, durante la estancia en Marte (en espera de que ambos planetas vuelvan a alinearse) y durante el regreso, ahora resulta imposible. Hablando de naves, el amartizaje (ya no hablemos de aterrizaje) suele ser muy complicado ya que nuestro vecino tiene una atmósfera muy delgada y hay poco tiempo para aminorar la velocidad al descender. Actualmente, sólo una de cada tres naves enviadas con robots logra llegar sin estrellarse… No es un panorama muy alentador para enviar seres vivos aún. Y, por último, lo que sugieren como el factor más peligroso: la mente humana. Nada puede asegurarnos que la psiquis humana no vaya a quebrarse estando tan lejos de la Tierra. Aunque esto le pasara sólo a uno de los astronautas podría poner en riesgo a todos los demás.
Digamos que superamos esto: ahora viene lo más difícil (¡sí!), que es sobrevivir en Marte.
Durante la serie se plantean estos dilemas. Ya hoy existen respuestas teóricas a cada uno de estos planteos y ya se están realizando pruebas para superar cada uno de los obstáculos. De hecho, Stephen Petranek, quien de alguna manera fue la inspiración de la serie con su famosa charla TED “How we´ll live on Mars” (y el libro surgido de esa charla), dice que llegaremos a Marte antes del 2030, que varios jóvenes (millenials, claro), terminarán trabajando en proyectos en aquel planeta y nuestros hijos tendrán la alternativa de viajar a Marte para conocerlo. ¡Me apasiona la idea! Me pregunto si yo podré ir…
¿Por qué queremos ir a Marte?
Existe una razón que llamaré “romántica”, porque ya la he escuchado varias veces y consiste en que al emprender este proyecto estamos siguiendo los deseos de nuestro ADN, porque somos una especie que tiende a conocer nuevas tierras, lo hemos hecho desde el principio; de hecho, a veces hemos hecho desastres. Lo cierto es que más allá de observaciones sobre cómo se produjeron las llegadas a distintos territorios, la especie humana llegó a tierras que en principio eran inhabitables, pero nada, nada, nos detuvo. Cuando el hombre llegó a la Luna todo se volvió posible para la comunidad científica, y si no nos hemos extendido más allá de nuestra galaxia, es porque no tenemos la tecnología para hacerlo.
 Después existen razones prácticas y sumamente válidas, que me parecen más interesantes aún. Empecemos: algunos aseguran que, en treinta años, los humanos pelearán todos los días por obtener los recursos básicos para sobrevivir, porque la manera en la que nos multiplicamos es algo que nunca sucedió con ninguna especie en el planeta. No tenemos depredadores naturales (sí, más que nosotros mismos) y podemos habitar casi cualquier lugar de la Tierra. El planeta nos empieza a quedar chico, los recursos escasean y estamos provocando un daño irreversible a la atmósfera debido a nuestros hábitos. La Tierra se parece cada vez más a Venus y, en realidad, ese es el destino de nuestro planeta. Más allá de nosotros: el sol, en su ciclo de vida, comenzará primero a expandirse, con lo cual la distancia a la Tierra se acortará, eso hará que nos tengamos que mover hacia atrás y Marte es el segundo planeta más habitable. Quizás luego podamos colonizar alguna de las lunas de Júpiter y Saturno, pero no nos pongamos ansiosos.
La colonización de Marte tiene que ver con nuestro deseo de sobrevivir. Hay que tener en cuenta que todo el tiempo caen asteroides desde el espacio, el bombardeo es constante. Imaginen si cayera uno como el que mató a los dinosaurios: nos borraría como especie; en cambio, si estuviéramos dispersos por otros mundos, la especie seguiría existiendo.
Y en última instancia, voy a incluir una tercera razón y vengan de a uno pero es filosófica: cuando en los 1971 la Mars III llegó a Marte, todos esperaban que hubiera alguna forma de vida, que hubiese océanos Fue una gran decepción que pareciera un planeta muerto… ¿Lo está realmente? Aún no se ha explorado la mayor parte de su territorio así que podría haber sorpresas. Por otro lado, se ha descubierto que la vida existe en condiciones muy adversas, por lo que podría haber vida microbiana en nuestro vecino rojo (¡y qué hablar del resto del sistema y de otras galaxias!),
¿Por qué impactaría de manera filosófica el que hubiera vida comprobable en otros planetas?
Para empezar, varias doctrinas religiosas se pondrían en jaque, pero no seamos tan cerrados, puede haber un creador, sólo que la especie perdería cierto lugar de prestigio y dejaríamos de ser únicos. Varias cuestiones morales tendrían que ser revisadas.
Si hay vida en Marte, es probable que haya vida en trillones de planetas en el universo y que la vida no sea un hecho único ocurrido en este planeta. No habría un milagro, sino muchos milagros. Habría que replantear las teorías evolutivas y compararlas, observar las discrepancias, comprendernos desde las diferencias con otros seres y preguntarnos nuevamente sobre el origen. Y esto, justamente, lleva a un punto muy importante: hace muchos años se encontraron rocas procedentes de Marte debido al continuo bombardeo de asteroides; sobre todo hace muchos millones de años, cuando el sistema solar era un niño en crecimiento. Esa infancia violenta ha dejado rastros, y fragmentos del espacio y de otros planetas se han hallado en la Tierra. En la roca marciana se encontraron signos de vida unicelular fosilizada. Tal vez, esos seres unicelulares no se hayan adherido en la roca en nuestro planeta, sino que es muy probable que esta haya traído consigo el germen de la vida, y si encontramos los mismos componentes biológicos en el planeta rojo podríamos comprobarlo y tener herramientas para conocernos más. Algo así tendría un fuerte impacto filosófico, ya que en ese caso, nosotros no seríamos terrestres, sino marcianos. Incluso, podríamos venir desde muy lejos, movidos por la constante actividad de un universo que no se queda quieto, que está en expansión y en conexión continua.
Imaginen tener que replantear las jerarquías ontológicas en base a ese descubrimiento sobre nuestro origen. ¿Habría un planeta primordial que dio vida a todos los demás planetas? ¿Esto sucedió en simultáneo en varias galaxias?
Tanto podría explicar algo así sobre nosotros mismos que el impacto sería enorme, nuevos dilemas. Habría que dar un nuevo enfoque a una filosofía que se ha hecho de herramientas para seguir indagando sobre el origen, sobre el arjé. Porque, de alguna manera, siempre hubo algo relacionado al origen que nos obligaba a ir más allá de nuestro planeta.
¿Cómo sería tu vida si supieras que hay vida en otros planetas o que tal vez nosotros somos esa vida marciana que estamos tratando de encontrar? ¿Es la Tierra el planeta que nos dio origen o es una madre adoptiva que nos acogió? ¿Habrá otros allá afuera buscándonos, tratando de entenderse también?
Me quedan dos cuestiones que podrían dar qué hablar y reflexionar.
Una está relacionada con las teorías que sostiene la Física Cuántica y quizás se despliega en el hecho de que los dos personajes principales de la serie son dos hermanas gemelas, una de las cuales es la figura principal de la misión a Marte (Hanna) y otra que opera la misión desde la Tierra (June). No me sorprendería que en algún momento se dé aquello que explica la Física Cuántica. Esta dice que cuando dos partículas que estuvieron unidas son separadas, una puede sentir lo que experimenta la otra, no importa en qué punto del universo esté cada una, no importa cuántos millones de kilómetros las separen. La serie podría dar a entender algo así, quizás June ayude a su hermana desde la Tierra valiéndose de la intuición y la percepción del sufrimiento de su gemela. Y ni hablar del sueño recurrente de Hanna cuando era niña, sueño que ella no comprendía porque aún no tenía los conocimientos. En él se veía caminando por un terreno extraño, bajo la luz de dos lunas en el cielo. Cuando llega a Marte, ella tiene la sensación de estar en ese lugar al que iba en sueños, caminando bajo las dos lunas de Marte (Fobos y Deimos). La Física Cuántica supone una nueva percepción del tiempo, aunque eso daría para otra reflexión. La película “Interstelar” nos puede dar una idea.
Después de ver a Marte (y esta es la segunda cuestión que queda dando vueltas) volvamos la mirada a nuestra casa, la misma en la que crecimos y en la que nos desarrollamos, nuestro planeta. No hay que ser un genio para reconocer que aún tiene cuestiones urgentes, de diversos índoles, por resolver. La vida que ya existe, sea cual fuere su origen, necesita al día de hoy de soluciones a varios problemas. Tal vez, antes de salir a buscar esa respuesta que tanto nos llama, debamos poner algo de orden por donde estamos viviendo.

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