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Contando trenes.

Por Lorena Mangieri.
"¿Es la vida un “contar trenes”, un sinsentido?"
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Hay hobbies extraños en el mundo.
Existe uno que consiste en pasarse el día entero en las estaciones de trenes, anotando el número de cada formación y el horario en el que pasa.
Por más rara que parezca, esta actividad estuvo bastante difundida en el Reino Unido, principalmente por jubilados y mendigos (¿quién más tendría tiempo como para pasar el día haciendo algo sin sentido?).
Este hobby tan particular pronto adquirió un nombre: "Trainspotting".
Sería algo así como "contar trenes".
Con el tiempo, la jerga de aquellos países amplió el sentido de la palabra, como suele suceder con las palabras... "Trainspotting" pasó a significar también "inyectarse algo en las venas", drogarse.
Ahí nace ese juego de palabras que da por resultado el título del libro de Irvine Welsh, en el que, a su vez, está basada la película de Danny Boyle.
Para ser sincera, es otra de mis películas favoritas, a tal punto que cuando volví a verla me di cuenta de que me sabía los diálogos de memoria, y ni hablar de la banda de sonido, una de las mejores bandas de sonido de todos los tiempos.
Como me gustó mucho, también leí el libro, que es muy difícil de leer, no sólo porque los personajes son muchos y hay distintos narradores (Boyle hizo un gran trabajo eliminando algunos y resumiendo las cualidades en pocos, sin perder de vista el espíritu de la obra), sino también, por la jerga escocesa. Las buenas ediciones aclaran al pie de página el significado de algunas palabras.
Se cuenta también que, cuando se estrenó en los cines, los países de habla  inglesa necesitaron subtítulos, porque el acento escocés resultaba poco entendible.
Si bien el libro es muy revelador, me interesa hablar de la película.
"Trainspotting" cuenta la historia de un grupo de amigos, compuesto en su mayoría por adictos a la heroína, alcohólicos y psicópatas, que atraviesan situaciones extremas.
Se centra en el personaje de Mark Renton, joven adulto de casi treinta años, inteligente, drogadicto, que observa y cuestiona cómo la vida va pasando y cómo el grupo se va destruyendo. En el medio, se nos muestra el día a día del adicto a la heroína en los barrios bajos de Edimburgo, pasando por situaciones que son las peores pesadillas de cualquier padre: jeringas, sobredosis, robos, transmisión de enfermedades como HIV, muertes.
Mark a veces se aleja, pero siempre es alcanzado por sus "amigos" y vuelve a adentrarse en aquel universo del que parece imposible salir. ¿Podrá hacerlo?
El final de la película nos da una respuesta. Pero deja una molestia, cierto ardor.

Quiero avisar a quienes no conocen la película que voy a revelar el final, así que si quieren verla por primera vez, aconsejo que lean sólo hasta el #2 inclusive y que después retomen la lectura.  Pero también aconsejo e invito a verla nuevamente a quienes ya la han visto.

Estoy convencida de que la elección del título está más relacionada con la primera acepción de la palabra “Trainspotting” que con la segunda (“drogarse”).
En el fondo, esta obra no quería sólo mostrarnos con recursos y gran imaginación cómo se vive la adicción a la heroína, sino que nos quería decir algo más, nos quería decir que aceptar las cosas como nos fueron impuestas sin cuestionar nada es un “contar trenes”... pero también, que reaccionar hacia una dirección que compromete nuestra libertad sigue siendo lo mismo. ¿Es la vida un “contar trenes”, un sinsentido?

#1 Elige la vida, un empleo. Elige una carrera, una familia, una TV inmensa... Elige la buena salud y el colesterol bajo. Elige las hipotecas a plazo fijo. Elige una primera casa. Elige a tus amigos. Elige un traje de tres piezas comprado en cuotas y preguntarte quién mierda eres un domingo temprano. Elige sentarte en el sofá a mirar programa estupidizantes mientras comes comida chatarra. Elige pudrirte en un lugar miserable, siendo una vergüenza para los malcriados que has creado para remplazarte.
Elige tu futuro.
Elige la vida.
¿Por qué querría eso?
Elijo no elegir la vida.
Elijo otra cosa...

La película empieza con una fuerza increíble: de fondo la canción de Iggy Pop, "Lust for life", mientras Mark y otro de los integrantes de la banda, Spud, escapan por las calles después de haber cometido un robo. Con la voz en off el protagonista nos presenta su pensamiento.
Mark es inteligente, es sensible, es filoso; Mark sabe lo que siente: desilusión.
Uno puede identificarse fácilmente con él, ¿o acaso nos les suena lo de la "crisis de los treinta”? Ese sentimiento de desilusión probablemente nos haya acompañado alguna vez en la vida, después de haber intentado encajar, después de intentar llenar ciertos lugares impuestos y comunes.
La pila de cosas que enumera es más o menos aquello que se nos obliga a elegir, que a veces corresponde con nosotros y a veces no, como si fuera una marcación actoral en la cual no existe otra posibilidad, ningún tipo de improvisación.
La palabra "elegir" se relaciona intrínsecamente con el concepto de "libertad", pero visto así, suena contradictorio.
Si la vida es todo lo que está enunciado en ese primer monólogo, elegirla es una opción poco atractiva y, peor aún, parece que no hay espacio para la libertad.
Se quiera o no, este grupo de amigos personifica un cuestionamiento y una muerte de valores que se viene arrastrando durante gran parte del siglo pasado, y cada uno de los integrantes de la banda es la cara de un grito desesperado de ayuda y de cambio. Un grito que parece no avanzar en ninguna dirección: ¿qué deciden entonces en esta búsqueda de la “libertad”?
La alternativa de los protagonistas consiste en drogarse todo el tiempo para no tener que pensar en estas cuestiones. También está el placer, dice Mark ("Sino, no lo haríamos. No somos estúpidos. Por lo menos, no tanto"). Sin embargo, el uso abusivo de sustancias pesadas da por resultado el displacer: Mark la pasa mal, física y emocionalmente, cuando tiene una sobredosis y cuando trata de salir de la droga (Ewan McGregor tiene una actuación memorable al trasmitirnos las miserias de su personaje).
La droga también quita libertad.
Si bien no están eligiendo todo aquello que se impone como la realidad, no salen del esquema planteado y eligen la otra cara de la misma moneda, aquella para la que también tienen que sacrificar cosas.
La película es muy clara en ese mensaje: elegir no elegir la vida es parte del mismo juego. Mark va tomando consciencia de eso. La esclavitud que genera la adicción a la heroína queda inmortalizada en sus palabras: "Drogarse es un trabajo de tiempo completo".
La película recibió varias críticas -y de hecho, la Academia de Hollywood recibió críticas por nominarla en la categoría "Mejor Guión Adaptado"- porque se suponía que era una apología de la droga.
Nada más lejos de la verdad.
"Traisnpotting" revela. Da fe del espíritu de una época y llega a los extremos más oscuros para que podamos volver renovados y preguntarnos: ¿dónde está la libertad?

# 2 El alcohol y otras adicciones

Odio a Francis Begbie. Si vieron la película es probable que sepan a lo que me refiero.
Begbie es uno de los personajes más increíbles que se haya visto alguna vez (igual lo odio).
Es uno de los integrantes del grupo. El único que no se droga, que da violentos discursos contra la heroína, mientras fuma sus cigarrillos Gitanes y toma Vodka.
Así y todo, está lejos de ser el personaje que los padres amarían. Es adicto al alcohol y, peor aún, y en palabras de Mark: "Su única adicción es joder a la gente".
Francis Begbie, verdadero antagonista de Mark Renton, es una especie de psicópata. A lo largo de la película lo vemos atormentar, amenazar y golpear a varias personas, incluyendo a sus propios amigos. El libro le dedica descripciones más precisas: muchos se refieren a él como alguien que sostiene una idea con una convicción que parece moralmente intachable, pero que, al otro día, puede llegar a sostener lo contrario, tildando de “enemigo” al que no está de acuerdo con él.
Es justamente en eso en lo que reside su peligrosidad: “Begbie está loco… pero es un amigo”, es lo que sostienen los demás, siempre temerosos de que él cambie el juicio sobre algunas cosas y los golpee hasta matarlos.
 “Trainspotting” nos recuerda, a partir de personajes como este, que nadie está exento de las adicciones: probablemente no seamos adictos a la heroína, pero sí lo somos a otras cosas. Y no son estas cosas en sí el núcleo del problema, sino lo que nosotros llevamos, ciertos factores de disconformidad que encuentran salida o “descanso” a través de estas actividades.
Las escenas de la película son reiterativas en estos puntos: la madre de Mark Renton toma Valium; en cada reunión, no importa la hora del día, no faltan las botellas en cantidades exageradas; cuando los padres del protagonista lo van a buscar al hospital, tras el episodio de la sobredosis, vuelven fumando en el taxi y la madre le ofrece un cigarrillo: él la mira con cierto odio.
Me parece interesante el hecho de que el único personaje que hace correr sangre ajena sea el único que no se droga. De esa manera, se evita caer en generalizaciones.
Es el propio Begbie con sus locuras el que termina de despertar a Mark: ambos son los personajes con características más contrarias entre sí. Mientras Mark tiene consciencia de sus propias malas acciones y hasta pasa por situaciones en las que la culpa se manifiesta en alucinaciones (probablemente todos recuerden la escena del bebé en el techo...), Begbie no presenta ningún tipo de culpa.
La escena previa al gran final los encuentra enfrentados.

#3 Un  final. Dos versiones.

El grupo de amigos ha logrado hacer un negocio –drogas de por medio- que finalmente les dará el dinero como para pasarla bien y estar tranquilos… (¿acaso la libertad?).
Sin embargo, el festejo es interrumpido por una pelea que ocasiona Begbie, pelea en la que varios resultan heridos.
Mark ya no puede seguir así: después de que Begbie le echa el humo en la cara como señal de desprecio, el protagonista se da cuenta de que nunca lo dejarán ir, que tiene que tomar una decisión radical.
Más tarde, aprovechando que todos duermen, Mark se escapa con la plata. Cada paso anterior al momento en el que saca el bolso de los brazos de Begbie, nos traduce sus propias dudas, los dilemas que atraviesa para llegar a ese punto.
“Puedo poner muchas excusas, pero los jodí, a mis propios amigos”, nos dice, mientras lo vemos caminar por la ciudad, de nuevo voz en off.
Mark se reconoce a sí mismo como un mal tipo. Pero dice que eso va a cambiar, que ahora va a ser como nosotros, y enumera todas las cosas que ahora sí va a elegir.
Podemos ver/reconocer un mensaje optimista, parece que Mark se reconcilió con la vida, parece motivado, dejó de ver como una obligación la elección de las cosas que nosotros hemos elegido. Se ríe. Dice que ahora va a caminar derecho.
Sin embargo yo no soy muy optimista, creo que hay una especie de ironía en su “Voy a ser como ustedes”. Nos da a entender que para ser como nosotros hay que romper cierto estado de inocencia, y que al ser un mal tipo, no le será difícil insertarse en la sociedad. Porque sí, Mark puede ser manipulador si lo quiere.
Su sonrisa deja de ser alegre, se vuelve ácida: lo único que él hará, será cumplir un rol.
Ninguna de estas dos versiones me dejó satisfecha, porque tanto una como la otra me conducían de nuevo a la conclusión de que la vida no es mas que un contar trenes, y que la libertad es una ilusión. ¿Había algo más que podía sacarnos del círculo vicioso?

# 4 Algo llamado amor

Mark jode a sus amigos al irse con la plata. Mientras nos “conmueve” un poco con su nuevo monólogo invertido, deja algo de dinero en lo que parece ser la caja fuerte de un banco. “Me daba pena Spud, él nunca había lastimado a nadie…”.
Mark quería a Spud.
Al final de la película, segundos antes de los subtítulos, Spud abre esa misma caja y entre risas agarra el dinero.
Este hecho es el único capaz de redimir al protagonista. Este acto de amor en sí es producto de la libertad, producto de una elección. A Mark se lo ve feliz  cuando deja el dinero, como si fuera lo último que la faltaba hacer. Respira y sigue adelante.
Fue difícil, pero yo también respiré un poco y por un momento, el panorama dejó de tener un sinsentido y pude encontrar algún tipo de liberación. Pero no es fácil. Dejar de contar trenes no es fácil.
¿Mark Renton se habrá mantenido en esa dirección?
Podemos descubrirlo si finalmente Boyle adapta la secuela de “Trainspotting”, llamada “Porno”, al cine. O podemos directamente ir al libro de Irvine Welsh, quien, dicho sea de paso, caracteriza a uno de los personaje de la película de Boyle. Pero no les voy a decir a quien.

Lorena Mangieri.
Es poeta y escritora. Varios de sus textos y pensamientos están volcados en su blog Juntando Hormigas. Participa activamente en cursos de escritura creativa y talleres de lectura. Ha participado con sus textos en varios eventos artísticos en la Ciudad de Buenos Aires. En el año 2004 se licenció en Filosofía. Es correctora internacional de textos en Lengua Española y en la actualidad trabaja en varios proyectos editoriales.

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