Lo Último

¿Carreteras? A donde vamos no necesitamos carreteras.

Por Lorena Mangieri.
"Quizás el cambio esté, escondido en forma de paradoja, en la aceptación..."
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¿Cuántas veces nos preguntamos cómo sería nuestra vida si hubiésemos tomado decisiones diferentes?
¿Cuántas veces soñamos con volver diez años atrás y trasladar todo lo que aprendimos a nuestro joven y confundido "yo" de aquel entonces? Nos preguntamos por qué no podíamos darnos cuenta de ciertas cosas que hoy nos son tan claras y por qué no podíamos anticipar que existirían otras, ¡peores!, que nos confundirían tanto.
El verbo hubiera/hubiese suele recibir el nombre de "pasado existencial", en alusión a su carácter idílico, romántico, lleno de nostalgia.
Siempre me gustaron las historias que juegan con ese sentimiento de melancolía y con la visión del universo a través de una de sus facetas más misteriosas y complejas, el tiempo.
La ciencia ficción creó historias sobre viajes en el tiempo y eso estimuló a los científicos y pensadores a seguir buscando respuestas sobre el tema, su definición, la manera en que transcurre su fluir. Los llevo a indagar en los autores del pasado que tenían las mismas dudas que hoy nos siguen desvelando. Dando teorías diversas, algunas simples, otras que jamás podría explicar.
En nuestra experiencia del tiempo percibimos continuidad, una especie de línea temporal. Pero esta línea, ¿es recta y va hacia adelante? Y si es así ¿puedo volver al pasado y con una acción cambiar esta realidad, creando una nueva? En ese caso, ¿quedarían varias líneas que existirían al mismo tiempo o aquella desde la que partí sería destruida, dando lugar a otra? ¿O acaso la continuidad del tiempo es una línea que termina uniéndose consigo misma, como la serpiente que se come su propia cola, según las palabras de Vonnegut? ¿Podría uno intervenir en los sucesos pasados y alterarlos o es imposible cambiar el presente o el futuro? ¿Terminaría uno por destruir el universo? (No, ¡qué culpa me daría hacer algo así!).
Volvamos un poco para atrás: las hipótesis sobre cómo fluye el tiempo son varias, pero  podemos resumir en dos las grandes posibilidades que darían respuesta a nuestras preguntas. Por un lado, podemos decir que el tiempo es una línea recta que avanza hacia delante y que si logramos volver al pasado podemos cambiar el curso de los acontecimientos. De esta manera nace la teoría de los multiversos, ejemplificada de manera impecable en “Volver al futuro”: sólo aquellos que se mueven en el tiempo (Marty, Doc, el perro Einstein) guardan en su memoria los diferentes universos que se fueron creando a medida que ellos intervinieron en los acontecimientos. Esta cantidad de universos que da nombre a la teoría tiene dos destinos: la coexistencia de varios sin que uno tome contacto con el otro (salvo en los recuerdos de aquellos que se movieron en la línea temporal), o la destrucción de aquel desde el cual se parte. Pero lo que la define es que con nuestras acciones en el pasado podemos cambiar el presente y el futuro… Y entonces, ¿cuál sería la otra opción?

“Terminator” y el eterno retorno.

La otra opción es aquella que sostiene que nada puede cambiar. Y, lo que es más paradójico para nuestra forma de conocer, que el pasado también depende del futuro. "Terminator" es un claro ejemplo de esta perspectiva.
¿Por qué…?
En el año 2029, las máquinas, lideradas por la inteligencia artificial Skynet, siguen tratando de aniquilar lo que queda de la humanidad, luego de haberse rebelado en 1997. Pero un grupo de resistencia, liderado por John Connor, está logrando la victoria contra las máquinas.
Skynet se da cuenta de que matarlo ya no ayudaría, así que decide enviar a un Terminator (robot interpretado por Arnold  Schwarzenegger) al pasado para matar a la madre de John, Sarah Connor, antes de que lo conciba. Su plan es que John nunca nazca.
Los humanos deciden enviar a un joven soldado, Kyle, para defender a Sarah.
Ambos humanos se las ven mal escapando de Arnold y, en el medio, Kyle y Sarah se enamoran y tienen un romance. Finalmente logran vencer al Terminator en una fábrica abandonada, pero el joven soldado muere.
Meses después, vemos que Sarah finalmente está embarazada, y el padre de aquel bebé que será líder de la resistencia es… ¡Kyle!
Lo primero que pensé es si no sería posible que existieran dos líneas temporales: una en la cual John Connor habría sido concebido por un hombre cualquiera; y otra en la cual Kyle, quien no había nacido cuando John nació en la primera línea temporal, haya terminado siendo su padre. ¡Tremenda paradoja!
Después de la segunda película, la idea terminó de cerrar y la visión tomó forma entera: otra máquina vuelve para matar a John, ya de adolescente, y un Terminator bueno viene a defenderlo; el grupo da con el hombre que creó a Skynet. La idea que tienen (junto a Sarah, devenida ahora en una interesante heroína) es la de impedir que Skynet sea creado (en una inversión del plan original de las máquinas).
Sin embargo, el creador de Skynet termina revelando algo terrible: lograron crearlo gracias a que encontraron la cabeza del primer Terminator en la fábrica abandonada. Es decir, la existencia de Skynet, que nacería en 1997, dependía de aquella máquina enviada... desde 2029. Es entonces que entendí que Kyle siempre había sido el padre de John, algo que mi mente no podía terminar de comprender.
Según el argumento, muchas veces el pasado depende del futuro, como si las consecuencias del fluir del tiempo pudieran avanzar en ambas direcciones, un círculo cerrado en el cual cada cosa está en su lugar. "Terminator" sostiene que las cosas marchan como lo hacen y no hay posibilidad de cambiarlas. Si alguien intentase hacerlo, sólo seguiría cumpliendo ese propósito (algunos estarán recordando la tragedia de "Edipo").
Por lo tanto, el pasado puede depender del futuro, porque el tiempo se mueve en un eterno retorno. ¿Y qué significa “eterno” –palabra que genera confusión- en esta perspectiva? Significa, simplemente, que no puede cambiar, que es inmutable.
Esta visión parece ser amarga: ¿para qué hablar de hubiera/hubiese si las cosas son lo que son, y nada más? Los dados ya han sido echados…
Uno de mis autores preferidos, Nietzsche, hace varias referencias al eterno retorno. Él tuvo tres intuiciones brillantes: el tiempo se mueve en un eterno retorno; los humanos no estamos en condiciones de entender el fluir objetivo del tiempo; y, por último, si estamos condenados a que nada cambie, lo mejor que podemos hacer es sacar un provecho máximo de la tirada de dados que nos tocó, disfrutar esta disposición de la mejor manera posible, de este juego que no estamos jugando nosotros.  Desde nuestra perspectiva, nada estaría determinado, porque no somos conocedores de lo que pasará en su totalidad.
Nietzsche se centró en el impacto que tendría en la psicología del hombre entender que las cosas pueden ser así. Nadie lo sabe con certeza, eso es verdad, pero se pueden tomar algunos consejos del maestro del eterno retorno: dejar los pasados existenciales para la ficción y entregarse a ese fluir, porque quizás es lo más cercano a la libertad que tendremos alguna vez; quizás el cambio esté, escondido en forma de paradoja, en la aceptación…
Bill Murray en “El día de la marmota” queda atrapado una y otra vez en el mismo día y logra salir de él cuando comienza a disfrutar de sus propias particularidades, cuando se da cuenta quién es él realmente y acepta los momentos que le toca vivir.


Lorena Mangieri.
Es poeta y escritora. Varios de sus textos y pensamientos están volcados en su blog Juntando Hormigas. Participa activamente en cursos de escritura creativa y talleres de lectura. Ha participado con sus textos en varios eventos artísticos en la Ciudad de Buenos Aires. En el año 2004 se licenció en Filosofía. Es correctora internacional de textos en Lengua Española y en la actualidad trabaja en varios proyectos editoriales.

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